Tu campo rinde en dólares. Tu cartera, no.
En las próximas semanas, miles de productores en Argentina van a liquidar la cosecha gruesa. Soja, maíz, girasol. Dólares que entran de golpe y que, después de pagar insumos, arrendamientos e impuestos, dejan un excedente que hay que decidir qué hacer con él.
Y ahí es donde casi siempre pasa lo mismo.
El productor que valuó su campo en dólares toda su vida, que negoció el arrendamiento en quintales, que sabe exactamente cuánto rinde cada hectárea, agarra ese excedente y lo pone en un plazo fijo en pesos, lo deja en dólares billete o lo mete en otro departamento.
No es solo el productor. Es el médico con tres consultorios. El empresario pyme que exporta. El contador que tiene dos propiedades alquiladas. El ingeniero que cobró un buen bono de su trabajo en la empresa petrolera, constructora o del agro y no sabe qué hacer con la plata.
Todos piensan en dólares para sus activos más importantes. Y todos terminan invirtiendo sus ahorros con una lógica que no tiene nada que ver con eso.
Hoy quiero mostrarte cuánto cuesta esa contradicción, con números reales.
El campo: un gran activo de Argentina, pero no el único
Nadie discute que la tierra puede ser un activo extraordinario. Se valúa en dólares, genera renta real, tiene demanda global y en Argentina tiene un valor estratégico único.
Pero miremos los números con honestidad.
El precio promedio de la tierra agrícola de primera en la zona núcleo ronda hoy los USD 12.000 a USD 15.000 la hectárea. El arrendamiento promedio está entre 12 y 16 quintales de soja por hectárea al año. Con soja a USD 280 la tonelada, eso equivale a entre USD 336 y USD 448 por hectárea al año.
Rendimiento sobre el valor del activo: entre el 2,5% y el 3,5% anual en dólares.
Es un activo extraordinario para preservar valor y como parte de un patrimonio diversificado. Pero como inversión pura, su renta directa es modesta. Pensá que un Treasury Bill de Estados Unidos, considerado el activo más seguro del mundo, rinde 3,50%.
Obviamente que esa es una inversión que tiene su dificultad, hay que abrir cuenta en bróker exterior, fondearla y demás pasos administrativos, pero convengamos que el que compra un campo no puede hacerlo con USD 10.000. Necesita un capital mucho mayor al que hace falta para invertir en el exterior para encima ganar menos. Algo no cierra.
Con eso no te estoy diciendo que salgas corriendo a vender tu campo, este es un activo con un rol en tu patrimonio, pero sí que entiendas el valor de considerar diversificar tu cartera con otros activos.
Lo que me lleva al siguiente activo que no cumple lo que promete en cuanto a rendimientos…
El ladrillo: la ilusión del refugio seguro
El departamento para alquilar es el otro gran clásico del patrimonio argentino. Y el análisis es muy similar.
El precio promedio del metro cuadrado en Córdoba capital hoy ronda los USD 1.400 a USD 1.800. Un departamento de dos ambientes de 50 metros, valuado en USD 80.000, se alquila en el mejor de los casos por el equivalente a USD 300 o USD 350 mensuales.
Eso es entre USD 3.600 y USD 4.200 al año. Sobre un activo de USD 80.000, un rendimiento del 4,5% a 5,25% anual en dólares, antes de expensas, impuesto a los bienes personales, refacciones (porque siempre se rompe algo) y el mes que el inquilino no paga.
Rendimiento neto real: entre 2,5% y 3,5% anual en dólares. Exactamente igual que el campo.
Además de eso, tiene un problema que el campo no tiene: está completamente concentrado en la economía argentina, en la ciudad donde está ubicado, sujeto a cambios en ley de alquileres y en la capacidad de pago del inquilino de turno.
“Pero yo no lo compro para el alquiler, lo compro en pozo y lo vendo a mucho más de lo que lo compré”. Es lo que sostienen algunos.
La semana pasada me reuní con un cliente que es consultor financiero de muchas Pymes y me decía orgulloso sobre su casa: “Compré por USD 30.000 un terreno en 1998 en Lomas de los Carolinos (uno de los barrios cerrados hoy más caros de Córdoba). La construcción de mi casa me costó USD 200.000. Si hoy lo quisiera vender está tasada en USD 450.000. Dupliqué mi capital, fue un súper negocio”.
¿Es esto así?
A pesar de ser consultor financiero se olvidó de algo fundamental en el análisis de un rendimiento: el tiempo. Está claro que casi que duplicó su capital, pero no es así como se analiza una inversión. Tenemos que ver el rendimiento promedio anual de esa inversión. Cuando hacemos eso, nos da que apenas obtuvo un 2,4% anual en dólares. No sirvió para ganarle a la inflación anual en dólares.
¿Y qué pasó mientras tanto con el resto del mundo?
El S&P 500, el índice que agrupa a las 500 empresas más grandes de los Estados Unidos, accesible desde Argentina a través de CEDEARs en pesos o en dólares, tuvo los siguientes rendimientos anuales en dólares en los últimos años:
- 2019: +31%
- 2020: +18%
- 2021: +29%
- 2022: -18% (el único año negativo reciente)
- 2023: +26%
- 2024: +23%
Promedio anual de los últimos 30 años: aproximadamente 10% anual en dólares.
No con suerte. No eligiendo la acción correcta. Solo manteniéndose invertido con disciplina en las empresas más sólidas del mundo, de la misma forma que se mantiene el campo año tras año sin venderlo en el primer momento difícil.
USD 100.000 invertidos en el S&P 500 en 2015 valen hoy aproximadamente USD 270.000.
Los mismos USD 100.000 en un departamento en Córdoba hoy valen, en el mejor de los casos, entre USD 130.000 y USD 140.000 sumando alquileres cobrados.
La diferencia: entre USD 130.000 y USD 140.000. Sin hacer nada extraordinario.
Ah, quizás te estés preguntando el caso del consultor que compró su casa en 1998 por USD 230.000. No te lo quería mencionar porque yo no consideraría la casa en la que uno vive una inversión sino un gasto, pero ya que nos trajeron al barro. Esos USD 230.000 serían hoy USD 2.789.585!!! (Si no me crees mirá el desglose año a año acá).
«Pero la bolsa es un casino»
Es el argumento que escucho siempre. Y entiendo de dónde viene: en Argentina, la mayoría de la gente que «entró a la bolsa» lo hizo con un soplo, en el momento equivocado, sin estrategia y salió quemada.
Pero invertir en un índice global diversificado no tiene nada que ver con eso. No es apostar a una empresa. Es comprar una porción de las 500 compañías más grandes del mundo, las Apple, Microsoft, Coca-Cola, Johnson & Johnson, Visa, que llevan décadas generando valor, ajustando sus precios a la inflación y repartiendo dividendos.
Son tan concretas como un ladrillo. Solo que no necesitás llamar al inquilino para cobrar el alquiler.
El riesgo que nadie calcula
En Argentina estamos tan acostumbrados a tenerle miedo a la bolsa que olvidamos calcular el costo de no invertir bien.
Dólares billete guardados: la inflación americana promedió el 3% anual en los últimos años. Si tenías USD 100.000 de 2015 equivalen hoy a aproximadamente USD 72.000 en poder de compra real. Sin crisis. Sin que nadie te tocara nada. Solo el paso del tiempo.
Campo o inmueble con renta del 3% anual: apenas cubrís la inflación americana. Tu patrimonio no pierde en términos nominales, pero tampoco crece en términos reales. Estás corriendo en una cinta que avanza a la misma velocidad que tus pasos.
El verdadero riesgo no es perder. Es quedarse parado mientras el mundo avanza.
El campo es el ancla. La cartera es el motor.
No te estoy diciendo que vendas el campo ni que te deshagas de los inmuebles. Te estoy diciendo que el excedente que generan esos activos, la cosecha de este año, el alquiler de todos los meses, merece una estrategia de inversión a la altura del esfuerzo que te costó generarlo.
El campo es el ancla del patrimonio: sólido, tangible, generacional. Muchas veces es el vínculo con la herencia y el esfuerzo de tus padres y abuelos. Pero necesita un motor que lo complemente: líquido donde el campo es ilíquido, global donde el campo es local, con crecimiento real donde el plazo fijo apenas empata la inflación.

En nuestra actividad trabajamos todos los días con productores, profesionales y empresarios que quieren que su patrimonio financiero trabaje con la misma seriedad con la que trabajan ellos. Sólo es cuestión de animarse a dar el primer paso y lograr que el motor de tu patrimonio se ponga en marcha.
Saludos,
Matías Daghero
Presidente de Closing Bell Advisors
Agente Asesor Global de Inversión CNV Matrícula 1.117
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